Una directora de recursos humanos ante San Pedro #humor

caricatura dios

Un poco de humor para alegrar el martes;

Al morir una directiva de recursos humanos fue presentada ante San Pedro, éste le dijo que había obrado bien y mal, por lo que le permitiría elegir si prefería pasar la eternidad en el cielo o en el infierno. Para ello le mostraría ambos sitios.

Pasó un día en el cielo, un cielo con ángeles tocando el arpa entre nubes blancas y una atmósfera muy relajada, todos de muy buen rollo, a la responsable de recursos humanos le gustó. Después San Pedro la llevo al infierno, allí estaban sus amigos,  en una barra tomando copas al ritmo de música techno, fue a saludarlos y los encontró muy bien. Estuvieron de fiesta con el diablo. Que no era como lo habían descrito en la tierra, era un tío muy majo, enrollado, que le gustaba la fiesta, y la directiva se lo pasó en grande con ellos. Al terminar la noche de juerga subió de nuevo a las puertas del cielo y San Pedro le preguntó; ¿Qué has decidido? A lo que la directiva respondió; “el cielo está bien, pero lo tengo muy claro y quiero quedarme en el infierno”.

 La directiva bajó al infierno para pasar allí la eternidad. Se encontró a sus amigos vestidos con harapos y recogiendo los desperdicios de la noche anterior. Apareció entonces el diablo con un tridente y de malas formas le dijo que se pusiese a trabajar. La directiva llamó a San Pedro arrepentida; “Pedro, estas no son las condiciones que me mostraste ayer”. San Pedro respondió; “ayer te estábamos contratando, hoy estás trabajando”.

Un experimento y un cuento muy monos de los que aprender

mono

 

Seguro que habrá oído hablar del experimento realizado por Keith Chen en la  Universidad de Yale, en el que se enseñaba a unos monos a utilizar monedas para intercambiarlas por comida, y en el que sorprendentemente uno de los monos entregó unas monedas a una hembra a cambio de sexo. Posteriormente la hembra canjeo las monedas por comida. Puede que sea el primer caso de prostitución animal documentado.  (Puede encontrar más información en el siguiente enlace.

Quizá también conozca  ese otro experimento, en el que se encerraba a cinco monos en una jaula, en cuyo centro colocaron una escalera y, sobre ella, un montón de plátanos. Cada vez que uno de los monos subía a la escalera, los experimentadores lanzaban un chorro de agua fría sobre el resto de monos. Los monos aprendieron de esta relación, de forma que cuando uno de los monos  se disponía a subir por la escalera, los otros lo molían a palos.   Los científicos sustituyeron a uno de los monos. Como es lógico, el novato trató de subir por la escalera para coger los plátanos, y el resto de monos lo molieron a palos. Después de varias palizas el nuevo integrante no volvió a subir por la escalera. Posteriormente sustituyeron a otro mono, y cuando intentó subir por la escalera, el resto de monos le dieron una paliza, incluido el primer mono sustituido que nunca había recibido el chorro de agua. Todos los monos fueron sustituidos. Los investigadores no habían empleado el chorro de agua fría con ninguno de los monos que estaban en la jaula, pero no subían a por los plátanos porque habían aprendido que al que subía había que darle una paliza, aunque ninguno sabía por qué.

 El primer experimento es real, del segundo se ha hablado mucho, y si uno googlea “monos + escalera”, encontrará multitud de páginas sobre el experimento, pero hasta donde yo sé, es sólo un cuento. En el primer caso extraemos la importante lección de que el dinero, en alguna medida, corrompe. El segundo nos lleva a un cambio de paradigma; ver todas aquellas cosas que hacemos “porque así se ha hecho siempre” con otros ojos. En el caso del ser humano hay muchas cosas que se hacen, “porque así lo hemos aprendido”, pero nunca hemos tenido la oportunidad de experimentarlo por nosotros mismos. En mi opinión, cuestionarse las tradiciones no es ningún error, ni debería considerarse una falta de respeto hacia ellas. Como dijo el político británico Winston Churchill “Mejorar es cambiar; ser perfecto es cambiar a menudo.”.

@palabrasmiguel

Algo que no se debería hacer en Marketing

vodafone

 

Ayer recibí una llamada, no conocía el número pero descolgué. Pensé que quizá era importante. Mientras se me atragantaban los macarrones en una engullida precipitada para pronunciar un “díga”, una señorita cuyo nombre no recuerdo, (a pesar de ser una de las primeras cosas que mencionó), me preguntó lo siguiente: “¿Es usted el titular de la línea?” Intenté proferir algo, pero los macarrones atragantados en mi esófago  lo impidieron, y finalmente decidí colgar sin mediar palabra. Lo que recuerdo es el culpable; Vodafone. Esa compañía que me estafó durante  años, aquella que ofrecía un teléfono cutre a cambio de un contrato de esclavitud durante 18 meses, la misma rastrera que me cobró los SMS a 1,2 euros porque estaba en Andorra y “el roaming es caro”. La Vodafone rastrera que entrega el móvil bloqueado para que no puedas usarlo con la SIM de otra compañía. La misma empresa que después del pésimo trato que tenía con sus clientes, llamaba desconsolada para ofrecerme no el móvil cutre, sino aquel que había pedido en un principio,  pero todo porque llegó a sus oficinas mi solicitud de divorcio, pero así no vale. Y ahora ¿Me llamas tú, pérfida, a la hora de la comida, dos años después, para ofrecerme qué? Lo siento,  pero todavía recuerdo tus fechorías oligopolistas, cuando repartías el mercado con Movistar, pero aparecieron nuevos competidores, y reventaron vuestra política de precios establecida al estilo de las petroleras. Life is hard. Ahora te dedicas a molestar a los clientes que nunca hubieses perdido si supieses mimarlos un poco, cuando eran tuyos.

Dicen que las marcas tienen alma, si sigue por ese camino, la de Vodafone arderá en el infierno, porque en el año 2013 no se puede interrumpir la hora de comer con la voz de una señorita que está en un país a miles de kilómetros. Porque eso no es marketing, Dios está en los detalles, pero en los buenos.

Caminamos un 10% más rápido y muchas otras cosas…

Un análisis realizado en 2007 a los peatones de 34 ciudades de todo el mundo demostró que el peatón promedio camina a casi 4,5 km/h, un ritmo un 10% mayor que hace diez años. El psicólogo Richard Wiseman, autor del estudio,  asegura que a este ritmo en el 2040 llegaremos antes de salir.

 La tecnología avanza a una velocidad de vértigo, nos hemos acostumbrado a contestar a los mensajes en segundos, sentimos la necesidad de ver el teléfono móvil cada cinco minutos, hablamos un 20% más rápido que hace diez años, los poderes económicos cambian de la noche a la mañana, todo está pasando tan deprisa que no tenemos tiempo para digerirlo. ¿Es el avance de la humanidad o simplemente hemos perdido la cordura? ¿Se ha cumplido el temor de Albert Einstein? ¿Puede ser posible que en el 2040 lleguemos antes de salir?

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Ya que no se ha acabado el mundo…

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Llegó el 21 de diciembre de 2012 y el mundo no se ha terminado ¿Alguien decepcionado? Yo estaba algo más preocupado esta vez que el año del Y2K, pero finalmente mis preocupaciones fueron inútiles. Ya lo decía el poeta Campoamor, “las preocupaciones se pierden con el tiempo”. No obstante, sigo sin saber hacia donde hay que correr en este mundo de fieras, lo cual supone un pequeño problema.

Ya que la vida sigue, quisiera pedirle a los Reyes Magos que por favor no le regalen más flautas, tambores, ni pelotas saltarinas al vecino de arriba. No me cabe duda de que es un niño muy bueno, pero resulta molesto que tenga tantos cachivaches para hacer ruido  en un edificio con paredes de papel. Quizá una estancia en un internado inglés sea la mejor opción. También me gustaría que la señora Lupe, que limpia con fervor el rellano cada mañana, esa que ha perdido el arte de la conversación pero no su extraordinaria capacidad para hablar, encuentre un trabajo en otro edificio mejor y no tenga que dedicar diez minutos frente a mí cada mañana para quejarse sobre lo mal que están las cosas y lo poco que le gusta su yerno. Para mí lo de siempre, salud, amor y no tener que trabajar mucho.

Os deseo a todos unas Felices Fiestas, y aprovechad el 2013 para vivir lo mejor que podáis, porque el 13 si que es un número feo, y puede que el próximo año se vuelva terminar el mundo. Pero sobretodo porque nos lo merecemos, incluso Lupe y el jovenzuelo de arriba, al que deseo mucha suerte en el internado de Hastings.

 

Mi último post antes de que se acabe el mundo

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Mañana quizá se acabe el mundo, así que ya que puede que sea mi último post, me gustaría hacer una reflexión sobre lo que he ido aprendiendo a lo largo de estos casi 27 años.

Lo primero que aprendí es que por nacer todos somos triunfadores, somos ese único espermatozoide entre 500 millones que consiguió fecundar el óvulo. ¿Dónde quedan los actuales ratios de las oposiciones al lado de esto?  A medida que fui creciendo aprendí que ser una persona es una tarea compleja. Si fuese una gacela de África mi misión al despertarme a las siete de la mañana sería correr más que el león más rápido o perecer. Si fuese un león, sabría que mi misión es correr más que la gacela más lenta o perecer de hambre. Pero nací persona, y  hay mañanas en las que no tengo claro cual es mi misión. No sé si sólo me pasa a mí o le sucede a todo el mundo. Tengo claro que debo sobrevivir, pero… ¿hacia donde correr?

A lo largo de estos años he conocido personas maravillosas, he vivido momentos muy felices, y otros que no fueron tan buenos, pero aquí sigo, eso ya es un triunfo.  Es cierto aquello que dijo la escritora George Sand de que “las decepciones no matan, y las esperanzas hacen vivir”.  Al hacerte mayor aprendes que habrá quien te mienta, pero también en quien puedas confiar. Aprender es otra de esas paradojas de la vida, a medida que acumulamos más conocimientos, las cosas no se vuelven más comprensibles, sino más misteriosas. De pequeño tenía claro muchas cosas, que el ratoncito Pérez cambiaba dientes por billetes de mil pesetas, que Papa Noel siempre traía regalos por Navidad, y que si te rompías un hueso dolía bastante pero podías presumir durante un mes. Esa fue la famosa lección de que el que algo quiere, algo le cuesta. Ser el rey del patio tenía precio.

 Pasan los años, creces, una buena mañana suena el despertador y resulta que ya eres adulto. ¡y todavía no sabes hacia donde correr! Esa mañana decides quedarte un poco más en cama, porque vives en un país con un 25% de paro, y tú estás ahí, en el 25, pensando que sería más fácil si fueses una gacela o un león de África. Desayunas viendo ese documental de la dos, donde descubres que lo de ser una gacela no es tan fácil como habías imaginado, y vivir en África mucho menos. De pronto recuerdas que es 20 de diciembre, y que al día siguiente se acabará el mundo, al menos, eso dicen, aunque tú ya sobreviviste al efecto 2000, así que ¿Por qué no sobrevivir al 21 de diciembre de 2012? Mañana os cuento, 😉

Blog personal Miguel Molina Alen | Psicología, Marketing, Actualidad TIC

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